Hace falta tener enchufe para estar en igualdad de condiciones

May 28 2009, 2:05am

Tras 14 años adscrito a un organismo autónomo dependiente de la Administración a la que pertenezco, concluyó la comisión de servicios y regresé a ocupar mi plaza en el organismo al que realmente pertenezco. Fueron muchos años los que estuve fuera, así que a mi retorno encontré que el Servicio al que pertenecía había crecido mucho en cuanto a personal. Me reencontré con antiguos compañeros pero sobre todo con muchas caras nuevas. La situación era bastante curiosa. Por una parte yo era de los más antiguos del Servicio, y sin embargo casi todos me veían como a un recién llegado. Y yo mismo me encontraba un poco desorientado, como el niño nuevo que llega al colegio a mitad de curso. Retomé el contacto con antiguos compañeros (y a pesar de ello amigos), así que rápidamente comencé a sentirme como en casa. Poco a poco empecé a conocer al resto del personal. Me sorprendió que hubiera tantas caras nuevas porque durante los 14 años que estuve ausente no hubo ninguna oferta pública de empleo. Así la mayor parte de estos compañeros eran contratados laborales o funcionarios interinos. No soy un cotilla, pero con el paso de los días me iba enterando de cómo habían entrado a trabajar una buena parte de estos nuevos compañeros. —¿Antonio?, ¡ah, sí!, un día apareció por aquí sin que nadie se lo esperara y ahí está ocupando una plaza de grupo B, y actualmente está como responsable de un departamento. —Me comentaba un amigo. —Lydia no sé cómo entró, pero sí sé que es la hermana del Jefe de otro Servicio, y desde luego no tuvo que pasar ningún proceso selectivo. —Me contaron en otra ocasión. —Juan y Manuel comenzaron a trabajar aquí pocos días después de un cambio en el equipo de gobierno de la corporación. Nadie sabía nada de que se fuera a ampliar la plantilla. —Me explicaba una antigua compañera. … Y así, día a día me enteraba de cómo había ido creciendo mi Servicio durante los años que yo estuve alejado. La mayor parte de mis nuevos compañeros se incorporaron sin haber pasado proceso selectivo alguno, y otros sí lo habían pasado pero en exámenes y pruebas cuya imparcialidad había sido, cuanto menos, dudosa. Me indignó comprobar cómo en estas incorporaciones se habían saltado “a la torera” el principio constitucional de igualdad, ya que evidentemente estos nuevos compañeros tenían “padrinos” que les habían ayudado a entrar. Yo estaba sorprendido, no porque pensara que el enchufismo y el nepotismo ya no existieran, sino porque no podía imaginar que fuera tan flagrante y numeroso. Y entonces me di cuenta de lo que seguramente había sucedido. Comprendí que probablemente otros muchos “aspirantes” a entrar y que no pudieron lograrlo, también tenían padrinos. Y por tanto el principio constitucional de igualdad estaba a salvo. Porque como escuché en alguna ocasión: “Hace falta tener enchufe para estar en igualdad de condiciones”. También puede interesarte:Burocracia y funcionariosConsejos para blogueros congresistasGénero y TICColaboración público-privadaA trabajar en coche por cojones