Nuevos Ministerios

August 12 2009, 12:52am

George Orwell en su famosa novela “1984” describe una sociedad totalitaria bajo el control omnipresente del “Gran Hermano” (y además, para su disgusto, da nombre a un abominable concurso televisivo en el que se tergiversa el sentido de la expresión). En la novela, el represor gobierno del imaginario superestado de Oceania se estructura conforme a los siguientes cuatro ministerios con funciones paradójicas y espantosos métodos: El Ministerio del Amor, cuya tarea es reafirmar los sentimientos de lealtad y amor de los ciudadanos hacia el “Gran Hermano”, utilizando como principales instrumentos para tal fin el miedo, la tortura y el lavado de cerebro. El Ministerio de la Paz, encargado de los asuntos relacionados con la guerra y con hacer que ésta sea permanente. El Ministerio de la Abundancia, cuya misión comprende los asuntos relacionados con la economía y de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia. Y el Ministerio de la Verdad, siendo su principal función la reescritura de la historia y el falseo de ésta, dedicándose a manipular o destruir los documentos históricos para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado. En el mundo real y en el país en el que vivimos, la depravación que impera a todos los niveles del Ejecutivo pudiera hacernos creer que algunos órganos de la Administración tienen funcionamientos parecidos a los de estos imaginarios ministerios de Oceania, pero por mucho que los constantes casos de corrupción nos hagan ver cierta similitud, no debemos olvidar que se trata de una novela distópica. Creo que la mayor parte de los Ministerios que actualmente existen en España se han revelado como ineficaces, e incluso inútiles. Así tenemos estrepitosos fracasos a niveles ministeriales. Por citar algunos ejemplos tenemos el caso del Ministerio de Trabajo que no consigue que el paro baje hasta una cota digamos que “razonable”, el de Ciencia e Innovación que no logra que España destaque mínimamente en este ámbito, el de Economía y Hacienda que no sabe qué hacer para sacarnos de la crisis, el de Cultura, que no debería permitir que nuestro índice de fracaso escolar sea de los más altos de Europa, … y así con todos los ministerios. Quizá sea necesario un cambio de fondo. Y me refiero a un cambio total y absoluto en la organización ministerial y no sólo reemplazar al titular, ni modificar el nombre de los ya existentes, ni tampoco una segregación/unificación de los mismos. Creo que sería necesario eliminar los actuales ministerios y crear otros nuevos como los imaginados por Orwell pero convirtiendo la distopía en utopía, es decir, haciendo que sus objetivos sean realmente concordantes con su nombre. Y no crean que les estoy hablando de una fantasía. Como ejemplo de la viabilidad de mi propuesta podemos analizar el caso de Bhutan: Bhutan es una pequeña monarquía feudal situada en una región montañosa entre India y China cuya capital es Thimbu, y que hace pocas décadas ha decidido modernizarse y abrirse al mundo. En Bhutan, la felicidad es un asunto gubernamental, y es que la riqueza no se mide en dinero, sino en felicidad, de hecho, en este país, el Producto Interno Bruto es reemplazado por la Felicidad Nacional Bruta (que se basa en los siguientes factores: bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica). Hace varios años, el rey de Bhutan, Jigme Singye Wangchuck, comenzó a aplicar esta idea que ya está en funcionamiento, creando una Comisión Nacional para cuantificar la Felicidad Bruta del País. Y de la creación de una Comisión gubernamental para tratar la Felicidad a la creación del Ministerio de la Felicidad sólo hay un paso. Pero el asunto no se circunscribe a este pequeño país, ya hay teóricos del desarrollo que han visto en este índice una medida del bienestar de los ciudadanos que es alternativa a los principios que utilizan los gurús de la globalización en favor de economías abiertas, quienes relacionan el bienestar con el crecimiento continuo. De hecho, varios de esos teóricos participaron en el Congreso Internacional sobre Felicidad Nacional Bruta, que tuvo lugar en febrero de 2004 en Thimbu. Yo estoy completamente de acuerdo con el gobernante Bhutanero (¿alguien conoce el gentilicio de Bhutan?) y amplío la propuesta de crear un Ministerio de la Felicidad extendiendo la idea hacia la creación de una serie de ministerios cuyos objetivos sean menos globales y abstractos y se dirijan a conseguir el máximo bienestar de los ciudadanos en su ámbito más íntimo y personal. Así que, además del Ministerio de la Felicidad, abogo por la creación de otros nuevos Ministerios que conviertan en asuntos de Estado cuestiones tan importantes para las personas como son el amor, el sexo, los sentimientos, la paz interior… Por ejemplo, propongo los siguientes: Un auténtico Ministerio del Amor cuyo objeto sea intentar que todos los ciudadanos puedan gozar al menos una vez en la vida de la sensación de “mariposas en el estómago”, que todo el mundo tenga la posibilidad de tener una pareja afín. Este ministerio podría estructurarse con Secretarías como la del Primer amor. Un Ministerio del Sexo (que no de la sexualidad), cuyo objetivo sea procurar que todos los administrados tengan una vida sexual plena a lo largo de su vida y que estas sean sanas y satisfactorias. Formado por Secretarías como la de la Heterosexualidad, la Homosexualidad, la Transexualidad… Un Ministerio de la Vida, que debe ir mucho más allá de garantizar la salud de los ciudadanos. Su objetivo debe perseguir que la vida sea próspera, alegre y llena de bienestar. Honor, Dignidad y Serenidad pueden ser algunas de sus principales Secretarías. Un Ministerio de la Paz, que no sólo debe garantizar protección y defensa física de los ciudadanos, sino también la paz interior, la tranquilidad mental y psicológica. Su funcionamiento sería preventivo más que paliativo, con Secretarías como la del Sosiego y la Tranquilidad. Un Ministerio de las Necesidades Básicas, cuya prioridad sea la satisfacción de estas necesidades. Con Secretarías para el Agua, la Comida y el Aire, cada una encargada de la. disponibilidad de estos preciados bienes en estado óptimo de consumo y al alcance de todos. Un Ministerio de Internet, que una vez reconocido el derecho Universal de Acceso a Internet, garantice su uso eficaz, rápido, y libre de virus y demás amenazas. Con Secretarías específicas para los distintos protocolos: HTTP, Telnet, SMTP… Un Ministerio del Ocio, que proporcione todos los medios posibles para que los ciudadanos puedan disfrutar al máximo y con libertad de su tiempo libre. Su organigrama lo compondrían Secretarías como la de la Diversión, el Entretenimiento y las Vacaciones. Un Ministerio de los Sentimientos que luche contra las depresiones y otros malestares psicológicos. Con las Secretarías de la Pasión, de la Ternura y de la Amistad. Un Ministerio de los Animales para la paz y armonía entre todos ellos y con los humanos. El organigrama podría estructurarse con Secretarías específicas para los Mamíferos, los Peces, las Aves…¡Ah!, y los Seres humanos. Un Ministerio del Dinero (que no de economía), que cuide de que a todos los ciudadanos no les falte nunca unos euros en su bolsillo para atender cualquier necesidad. La Secretaría de los Billetes se encargaría de los gastos más cuantiosos y la de las Monedas lo haría de los gastos más comunes del día a día. Un Ministerio de la Verdad (o de la Incorruptibilidad), que sustituirá al actual Ministerio del Interior, velando exclusivamente porque la corrupción no haga mella en el resto de ministerios. La principal Secretaría sería la de la Certeza. Un Ministerio del Espacio Exterior que se encargue de todo lo relacionado con establecer contacto con seres extraterrestres. Con una Secretaría por cada Galaxia conocida. Se admiten sugerencias, y mientras tanto, me pido ser Ministro del Sexo.

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